Cualidades que debe tener un taller


Cualidades que debe tener un taller

Guía para talleres de escritura creativa • Relata

 

 

           Escribir es reescribir.

La labor de preparación de texto, que incluye la corrección y edición de los escritos creados en el taller, es un trabajo conjunto entre el autor y sus compañeros, con la mediación del director. Hay que descartar, tachar, borrar y desechar; aprender a identificar lo que cada texto necesita para ser sólido y contundente, de tal manera que se tenga control del mismo para que losrecursos empleados y los efectos logrados sean fruto de decisiones conscientes y no de meros accidentes. Resulta vital que el grupo aprenda a actuar como el editor de cada autor, para que el autor logre ver su trabajo con nuevos ojos y, de paso, los participantes aprenda a reconocer sus virtudes y fallos en el trabajo de los demás.

 

           La        escritura        creativa          se        nutre   de        la         tradición        literaria.         

El intercambio de textos literarios, la lectura en voz alta y la conversación sobre las lecturas avivan la imaginación y enriquecen la sensibilidad estética de los participantes. En el proceso de formación de escritores resulta vital que se conviertan en lectores críticos, capaces de entrever los mecanismos de un texto y las herramientas escogidas para lograr el efecto estético que causa. Se busca incentivar la lectura dentro y fuera del taller, pues los textos literarios son el espejo donde los escritores en formación se observan. Los aciertos y desaciertos de las obras literarias permiten desarrollar una mirada crítica y, a la vez, identificar los gustos e intereses personales.

 

           El        respeto           por      el         otro.   

Dado que los intereses, las necesidades y la experiencia en escritura son distintos según cada participante, se debe respetar el proceso de cada cual. En el momento de hacer los aportes o las críticas del trabajo de los otros, se debe poner entre paréntesis los gustos personales y, por lo tanto, evitar imponer un solo estilo o punto de vista particular.

 

           El        ritual   de        escribir.

El taller procura generar o fortalecer hábitos de escritura, que son fundamentales para el desarrollo de un proceso creativo a largo plazo. Sin embargo, el taller no es un fin en sí mismo sino un espacio donde el asistente descubre el ritual de la escritura; su permanencia en el taller no debe ser un sucedáneo de su trabajo en soledad. Si el taller es el único espacio o momento en el que el asistente trabaja, se corre el riesgo de caer en el taller circular, donde se repite el ritual de la corrección en conjunto pero no se arriba a resultados acabados. El taller debe proponerse metas e, idealmente, debe apuntar al momento de la edición final de los textos; así evitará caer en el proceso mecánico de la escritura de corrección perpetua, que puede generar una dependencia al trabajo en conjunto en lugar de alimentar la capacidad crítica del individuo creador y prepararlo para enfrentar las decisiones finales que compromete la publicación, ya sea en el blog del taller o en un medio impreso.

 

           Encuentro      entre   pares.

 Lejos de ser una cátedra magistral, el taller promueve un encuentro entre pares como mecanismo de aprendizaje. Allí, el diálogo estimula la escritura y propicia la formación de una comunidad creativa. El director, como su facilitador y orientador, aporta su experiencia con el oficio y promueve una comunicación horizontal, abierta y crítica.

 

           El        proceso          es        tan      importante     como      el         resultado.

            La producción del participante debe valorarse por el proceso y no únicamente por el resultado. Parte fundamental de un buen proceso es que el participante supere su desempeño inicial, afiance sus habilidades y persevere en el desarrollo de sus proyectos creativos. Desde luego, algunos proyectos desembocarán en un punto muerto, pero es importante no abandonarlos a medio camino sin haber trabajado lo suficiente en ellos o sin buscar alternativas para llevarlos a feliz término. En cualquier caso, el director debe reconocer y ayudarle al participante a valorar el aprendizaje logrado en el camino.

 

           Saber  descartar.     

Parte de la formación del taller es ayudarle a sus participantes a darse cuenta de que escribir bien implica “saber descartar”: desarrollar la capacidad autocrítica suficiente para saber cuándo “dejar ir” y cuándo continuar trabajando una historia. Algunas historias mueren en el primer borrador, pero lo más difícil es tomar decisiones con las historias que, aunque llegan a trabajarse mucho, en definitiva no funcionan. Además, en el proceso de reescritura hay que saber descartar o desprenderse de ideas que no aportan, de escenas o personajes que no añaden nada significativo a la historia, etcétera.

 

           El        taller   es        una     búsqueda.

En el taller se debe estimular la búsqueda de temas, la observación atenta, la sensibilidad del escritor en formación para enriquecer y dar profundidad a su producción.

La posibilidad de participar en un taller es, para una persona que lee y escribe, sumamente valiosa en el desarrollo y ejercicio de su capacidad literaria. Conlleva la interlocución con un público crítico. Muchas de las preguntas que un individuo se hace en situación de escribir en soledad pueden tener respuesta dentro de un taller. Este tipo de experiencia amplía el potencial de búsqueda y hallazgo de la persona al poner a su alcance los recursos, las ideas, las vivencias de un grupo que comparte el amor por las letras.

Rodrigo Escobar Henao

 

 

           Los     detonadores  de        la         escritura.

Además del trabajo de escritura individual por fuera del taller, es vital el desarrollo de ejercicios in situ. La redacción de escritos durante la sesión constituye un primer momento en el que el autor suelta la mano, explora, y se vale de “detonadores”. Estos ejercicios son útiles igualmente para abrir un espacio de intercambio entre los participantes del taller donde tengan cabida la improvisación y el juego creativo.

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