Pequeño Monólogo Hipotético. De Víctor Hugo Enríquez
Hijo
Me dejarán en la quinta. Vendremos
por una carretera pedregosa. Se detendrán en la quinta con ciento diez. Será
una casa muy fría donde estaremos. La cama fría. Todo muy oscuro. Sentiré frío.
Serán dos días los de mi ausencia. En la primera con octava se detendrá un
taxi, dos hombres me subirán a él, la billetera con papeles lanzada por la
ventana. Me golpearán: en el estómago no, por favor, todo se nublará.
Despertaré amordazado y atado en la cama. Todo está oscuro, hace mucho frío.
Llegará un hombre y preguntará ¿quién soy, ese quién es? El parcero, dirán
ellos, la flecha. Ese no es, dirá el tipo, la cagaron. Ese no seré yo, seré
otro. Que lo piquen, vociferará el señor, Y que se lo coman con arroz. Los
tipos se apiadarán de mí: subí al carro, maricón. Claro que subo. Quizás tendré
mojados los pantalones, y rezaré; papá se burlaría de mí. El carro se detendrá
en la quinta con ciento diez: bajate y contá hasta cien y no abrás los ojos. Yo
contaré hasta mil, uno, dos, cien…Mil, Y empezaré de nuevo, uno, dos, mil, el
silencio. Qué tal que aún estén, pensaré, mejor le doy tregua a los minutos.
Que se alejen, o salgan del país si quieren: no quiero recompensas, no diré
nada, No delataré a nadie. Pasará tanto tiempo que quizás olvide la facultad de
ver.
Madre
Es tan triste tu monólogo. Sufro
tanto al oírlo: me parece verte. Si te fueras un par de días te imaginaría
borracho, con tus amigos, en juergas. Rezaría por ti con un poco de rabia, y de
temor. Siempre has sido tan ateo: lo heredaste de tu Padre. Pero yo jamás dejé
de inculcártelo. De veras rezaría. Me desesperaría. No faltaría un teléfono al
cual llamara, preguntaría qué saben de ti o si has ido por allá. Claro que no
sabrían nada: estarías secuestrado y yo pensando en tus vicios y en tus malas
amistades. El día que volvieras estaría furiosa en la entrada, no te dejaría
hablar, te diría no sé qué cosas, mal hijo, desalmado, todo lo que he sufrido,
desagradecido. Empezarías a contarme todo como una anécdota prestada, como si
no fuera tuya. Poco a poco me daría cuenta lo injusta que fui, te haría café,
te daría pan con queso, reventaría en llanto. Mi pobre hijo, Tus historias se
parecen tanto a ti, siempre tan lúgubre, tan premonitorio.
Hijo
Los enredos de papá. Deberá tanto
dinero que quieran matarlo. Ese día, no sé por qué, desearé visitarlo. Subiré a
su apartamento, me van a matar, gritará como suplicando, notaré el horror en su
cara. Pensaré en salvarlo, está enfermo, es mi padre, nos abandonó, está en
líos, debo ayudarlo. Deme la chaqueta, papá. Me dispararán de seguro a quema
ropa, pensaré. Saldré corriendo por la calle, un disparo en la cabeza. No habrá
disparo, sólo un taxi con dos hombres en la primera con octava. Váyase, papá,
aléjese. Lo perdono y adiós.
Madre
¿Y por tu padre te meterías en esto?
¡Canalla! ¡Rompe ese texto, hijo del diablo! ¡Tu padre ni se acuerda de ti y tú
expías sus culpas en tus monólogos! Tanto he sufrido por ti, tratando de suplir
su ausencia y de nada ha valido. ¡Largate a vivir con él si es lo que querés!
¡Que te secuestren, te piquen y te coman con arroz! ¡Dejá de escribir sandeces!
Algún día terminarás matándome en una escena.
Fin. Pequeño Monólogo Hipotético.
Víctor Hugo Enríquez Lenis
Comentarios
Publicar un comentario